Una película excepcional, en todos los
aspectos: los actores y sus rostros sin facciones, los relojes sin agujas, un
viaje repleto de extraordinarios personajes del presente y del pasado que
conducen al desdichado protagonista a indagar en su interior, a escuchar a su
propio yo. Entonces es cuándo el doctor Borg se enclava en su conciencia para
meditar y purgar su celebre mente.
Sin duda una de las grandes películas de la historia del cine, en la que, tal vez sin que Bergman se lo propusiera muy conscientemente, cristaliza de forma sistemática y coherentemente homogénea una serie de temas muy interesantes: la relación con el pasado, la posible o imposible trascendencia, el tiempo, la muerte, los sueños, el mundo onírico y, especialmente, la memoria. Todos estos elementos se conjugan armónicamente en esta bella película reflexionando sobre la reintegración existencial del ser humano.
Èric Antonell